Tocando el silbido del agua
llega la fragua al corazón
amarrado entre los dientes
donde suena un rumor de aves
y tambores de cintura.
El viento galopa sobre los hombros
de cada avenida
remontando el calado bruno
de un extremo a otro
y descendiendo por la humedad
que encoge los vientres.
No preciso de más aliento
que el perfume enraizado
al perfil cuya pisada se acentúa
sobre mi pecho
como un beso de nívea
e impúdica tea.
Quiero vivir en la alegría
que contagian cautelosamente
las costas azuladas sobre las arboledas
en las frentes ilusas y estáticas.
Buscándome los ríos como busco yo
su color de magnolias cristalinas,
quiero el agua que silba
dando toques de cintura.
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