Cuando hayas finalizado de leer
estas líneas que a continuación
plasmo para tu imaginación
dejarás por fin al amor crecer.
Y si tu rostro fuese visitado
por el rojo carmesí del rubor
no te avergüences ni tengas temor
a no ser que no te haya pasado.
Y si hablamos de casualidades,
alegando su posible existencia
y dejando de lado a la ciencia
diré contra todas las adversidades
rogando porque sea frase bendita:
¡Tú eres, sin duda, mi favorita!