Soneto para Isabel
Cuando te vio nacer Extremadura
sobre la bella piel de la Serena,
se sintió tan feliz, tan grande y plena
que derrochó su inmensa galanura.
Te brindó en sol radiante su hermosura
en su alarde de luz no fue terrena,
y deshizo su escarcha en fina arena
cantándote una nana con ternura.
Por eso el recordarla te enamora
y la llevas en ti hora tras hora
en su recuerdo vivo que hoy te besa.
Y se enciende su luz en tu mirada
bella como su imagen siempre amada,
serena como el mar de su dehesa.