Devueltos por la multitud,
nos hacemos un refugio
dentro del amor,
y las manos vuelven a ser
ojos de profunda sed,
destapando pozos,
saltando abismos y señales,
persiguiendo un vuelo
que desate la desbandada,
que nos llueva
como espuma despierta,
en los balcones
de una ciudad con alas.
Eduardo A Bello Martínez
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