Los huesos crujen quebrados
bajo el filo del día.
Herido, mas no moría:
este dolor vertebrado.
A veces me hice de barro
para rehacerme de todo,
mas mi sangre escurre en lodo
en este existir de barro.
Me desplomo en el costado
con un amor que no alcanza;
tus manos de hueso y lanza
clavan este desollado.
Y sigo sufriendo ajeno:
vértebra desencajada.
Con mi empeño a la nada
hasta desangrar tu veneno.