Alexandra Quintanilla

El adios de las flores muertas

Le pude haber pedido que se quedara,

que retrasara la marcha.

Por cualquier escusa,

en cualquier bobada.

Que nos viéramos la cara

tratando de disfrazar las derrotas no aclaradas.

 

Pero esto de hacerse uno el tonto,

esto de tratar de remplazar la verdad con una fugitiva esperanza,

es darse a uno mismo un millar de bofetadas.

Ya el tiempo se perdió cuando no estaba aprovechado,

ya los sentimientos cambiaron su trayecto.

No es por otro, en lo que me refiero, pero si es por la dignidad y el desapego.

Le entendí a la vida el problema en el que nos habíamos metido,

lo jodido de cuando lo entendí fue que era un problema referente a un par de costumbres mal acostumbradas a la vaga ilusión que se brindaban dos grandes fiascos al curso del amor,

que al final resulto ilusoria frustración.

 

Dando los últimos alientos,

Tratando de no dar por perdido lo que graciosamente ya estaba muerto,

embalsamado y soterrado,

pregunto si en algún tiempo no nos abrazamos.

- ¡Que si nos abrazamos!- Respondí a modo fraude…

Nos abrazamos mucho.

Y de ello he aprendido que todo en exceso resulta frustrante.

Porque lo hacíamos, mas nunca hablabamos, nos confesabamos o decíamos…

Siempre especulando,

haciendo indirectas que nunca se dirigían a puntos fijos.

 

Ya el cansancio se ha vuelto joven y da patadas veloces,

la arbolada que nos refrescaba ha sido deforestada por algo llamado olvido,

por algo que no es otro motivo más que el cansancio

de esperar un par de palabras que siempre estarán huyendo,

que en mi caso ya no me asfixian porque no se han podido confesar,

corrieron mucho, también mucho se cansaron

y quizá en el trascurso queriendo tomar aliento se perdieron,

de mis manos se derritieron.

 

Entonces queda…

decirnos un adiós bonito,

uno que sepa a gloria,

la rememoración de las caricias que se hicieron polvo,

por el ensimismamiento a la gloria del orgullo,

a la salud de los malos triunfos.

Nuestro afecto, por mi parte, se ha marchado al país de los niños sin sentimiento

que llorando fueron olvidados por madres frías que no los amamantaron.

 

Una lagrima saldrá imprudente al concluir,

y esta no será más que un soplo de lo que se hizo viejo y termino falleciendo por el factor llamado tiempo, orgullo y cobardía.

El adiós de las flores muertas

que se murieron cuando sus raíces tocaron maceta,

pese a que en su tiempo fueron las mas bellas.