Alberto Escobar

Amor cuasi imposible

 

En la leche de tus senos
estribo el alimento
de mis hijos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dos tórtolas haciendo el amor con palabras
se tiran lisonjas con una celosía de por medio,
a manera de frontera enmurada.
El contorno que les caracteriza se antoja
un patio andaluz hasta arriba de arrayanes
y zambras.
Una se llama Nación, la otra Política le llaman.
¿Qué pretendes de mí, hermosa Nación
que tan huérfana pareces de razón
en estos tiempos tan revueltos,
y tan soeces?
No conozco de mis arrabales
y mis contornos mujer tan hermosa
y capaz de llevar acordes al miocardio
de un corazón roto como el mío,
en mil pedazos.
En ti tengo depositadas
toda esperanza, todo anhelo.
Mis vísceras andan a la gresca,
unas quieren chusma,
otras ventresca y las más quieren
sal y pimienta.
Política, con aire compungido, responde
al amor de las palabras con amor
de intenciones:
Sabes, Nación, por el mudo verbo
de mis gestos que correspondo
ilusionada al amor que me profesas,
mas mi patrimonio es harto
en voluntad y parco en proezas.
Tus desamores humorales
son harina de un costal ajeno,
yo solo me pretendo letrero
que de suyo es anunciar
concordias si concordia
se quiere buscar.
Acude pronto a mi estancia
amada Política, tu cordura
preciso como agua de mayo.
Mis sustancias se me parten
en dos, como crenchas en celo,
solo deseo veros,
aunque los patios y los arrayanes
se disipen en el aire de la quimera.
Ábreme tu puerta certera,
pero no olvides dejar llave
debajo de tu humilde felpudo.
De sobra sabes, Nación mía,
que sin tu sangre y tu histología
solo soy flor de un día.
Tu pasión y tu grandeza me agrandan
hasta la fortaleza, tus agallas
respiran el oxígeno de mi sangre,
y mis artes no son artes
sino en tus manos.
Así, en este acto orlado de muérdago
se despiden amorosos,
con deseo de nueva vista
y nuevo amor, bien que sea sin el tacto
que dispensa nada más una yema.
¡Tamaño poder erótico y evocador 
tiene la palabra!