Ben-.

Belleza retorcida-.

Virulentos oleajes impregnados

suciedades mustias que invaden

pulmones agrietados por cansancios

multiplicaciones revestidas de asfalto

vientos que emergen de superficies subterráneas

hasta limar el cabello de las vírgenes destruidas

vestales inocentes de tanta belleza inconsecuente

rocíos secundarios que plasman dormitorios rebeldes

donde duermen amantes sin labios que frío tras frío

acuden al hospital de turno a ocupar su silenciosa manta

de urgencias. Un racimo de suculentas granadas escarlatas

donde el reino de los vencidos obtuvo su militar gracia

su absolución terrible de besos duros como la escarcha y el hábito.

Nosotros, los mismos dirigidos al altar, murmuramos la canción

del cansancio, el agotado tránsito de obligaciones perturbadas,

hasta que el silencio domina y ausculta todos los pechos estériles.

La risa duerme y el frío envanece la mejilla dorada

el pecho se ausenta de tomar pastillas decadentes

la perla de los días aumenta su diablura y los termómetros

ocupan su periódica invencibilidad.

Ah hasta aquí llegaron tus hipócritas manías

tus hipopótamos dormidos, los lagartos tendidos

que escapaban a las lagunas fangosas de los cables eléctricos

de tu cabeza con filtros.

 

 

©