Eduh Siqueiros

Al unir nuestros corazones

No desconfío de los tratos
que a mi alma le confieres,
te creo cuando dices que me amas,
yo contigo tengo los mejores
momentos y cuando no me encuentras
no es porque te abandono,
que en sigilo te envuelvo mientras
mi alma y mi corazón te doy;
mi deseo aumenta día con día
y te vuelves vitalmente una necesidad,
te amo tanto, tanto... sin dar crédito,
porque eres hoy el ser de más autenticidad,
en tus silencios me pierdo;
a conciencia aseguro que es duradero
este sentimiento con tanta terneza
que se ha anidado en mi memoria;
imposible es arrepentirse
de un sentimiento de suma sublimidad,
¿acaso es posible?, responde,
antes de olvidarlo mejor la muerte,
ante la incertidumbre del porvenir la duda
invade mi mente tercamente
y es normal que el miedo arribe,
pero te amo, ser de belleza, mientras vive
nuestra historia que aún se escribe…


Tus pasos se marcan
en mi mente y ahí se quedan,
¡ay!, que no arremetan
mis deseos en su desesperación
-para no ausentarme-,
antes que yo pueda sucumbir
lejos de las bendiciones
que has de concederme
al unir nuestros corazones.


Si en una sonrisa está la gloria,
incapaz me siento de huir de ella,
romper atrozmente la vivencia
incluso si es de magia su naturaleza,
¿a causa de mi insensatez?, eso no,
tiempo es menester, en este instante,
en el que mi corazón irresolutomente
quizás busque huir, simplemente se aturde;
un día alejado de ti sería una eternidad,
imposible se me ha vuelto el olvido,
entonces, por eso no puedo abandonarte,
reviso en mis sentimientos y hoy lo sé,
ocasionalmente de ti me embelesé.


Qué grande el sentimiento que mora
sublimemente en tu corazón y que mi ser encumbra,
el céfiro conduce mi vereda,
y ya en seguirlo estoy mientras aún
sostengo el ritmo de mi danza,
y si cada pie por ratos se agota,
con premura soslayo la ferocidad de la muerte,
que mientras yo así te ame
serás la causa de mis aspiraciones,
por la gloria que guardas en tus ojos;
cantarán los amaneceres como las aves
tenuemente en un concierto de griteríos,
y las sonrisas que la vida manifiesta
reconfortarán a mi alma que se derrite
y en la porfía mantengo mi paz,
recalcitro en mi andar para hallar tu rostro,
pues la existencia va cobrando sentido
cuando me aproximo a tu cielo,
para matar diáfanamente con tu cognición
a los demonios en la infertilidad de mi corazón.