—Las cuatro.
A
estas horas
no
recuerdo un verso
incorregible escrito ayer.
Lloran
como perro herido
acreedores
judíos
accidentados
en el caos del taller.
Para pagar, he hipotecado
el arma a Lucifer.
—He dicho muy bien— solo el arma,
espada
fundida en siglo dieciséis.
Hagamos
saldo
contable
y cuadremos nuestras cuentas
de no haber
flujo debitable
vemos
que cosa se inventa.
Es un parto
eterno.
Abrigo
la esperanza de volver
a ser
libre.
—Las cuatro— No recuerdo
un solo verso incorregible
escrito ayer.