Luis Pizarro M.

AMAR, AMAR, AMAR

 

Amor.
Yo abro tus ojos,
como un libro de poesía en el amanecer,
y cierro el pliegue de tu sonrisa,
como la portada de una antología
en el anochecer.
Ahí empieza nuestro amor,
en tus manos benditas
que recorren mi cuerpo,
en tus silenciosos gemidos
de ese acto más puro de la pasión.

 

Después, yo te miro, te observo;
desde el otro lado de la cama,
y le doy gracias a Dios porque me amas.
Y no, no le pido nada,
porque al tenerte, lo tengo todo.
Todo el amor, la playa, la vida.
Contigo lo tengo completamente todo,
y solo por eso, ya no molesto a Dios
con mi lamento de Hombre
que duele, que me desangra,
que callo, y que me amordaza.

 

De ti van y vienen, desde el centro de tu pecho:
los pájaros, las gaviotas, el mar abierto.
Y me instalo en tu corazón de fuego,
como un inquilino amoroso
que paga siempre su cuota puntual,
al amar, amar, amar.

 

Me enfermo entonces de tu sexo,
de tu cabellera, de tu risa,
de tus senos,
de tu mirar.
Pera luego curarme, así de feliz,
de tus besos, de tus encantos,
de tus caricias, de tus manos,
de tu peregrino frenesí,
y también porque no,
curarme de amor,
de amor por ti.