Beatriz Hernando

¿Por qué no hablas?

Un silencio atronador

ocultaba su voz.

 

¿Por qué no hablas? Le decían.

Su silencio respondía.

 

El silencio, su identidad.

No la entendían.

El silencio, su cautividad.

No la veían.

 

Mil y un insultos recibía

que su silencio consentía.

 

Presa de mil etiquetas

que para nada merecidas.

Presa de un yo impuesto

que para nada cierto.

 

En sus ojos miedo percibía

ante lo que no transmitía.

 

Su silencio no era lo que más le dolía,

era la indiferencia que percibía

lo que cada día su boca cosía.

 

Tras desprecios que recibía

sus miradas al suelo dirigían,

día tras día,

aquellos que ni querían, ni sabían

cómo se sentía.

 

El silencio, su identidad.

Eres así, le decían.

El silencio, su cautividad.

Eres callada, le decían.

 

Mientras en silencio componía

con las lágrimas que caían,

día tras día,

los versos que en silencio leería

el resto de sus días.

 

Era el silencio y soledad

su impuesta identidad.

 

¿Por qué no hablas? Le decían.

En silencio respondía.

Mi silencio, mi filosofía.