Ben-.

Tan niño-.

Sí, padre: este hueso,

que ha tocado con fuego,

de alba furiosa y gasógeno,

en diagonal prodigio, tus manos.

Que, de repente, se han vestido,

de álamo y celeste, con varias

primaveras encima, para acompañarme.

Tan niño en la mirada, con los ojos

enfrente, quieren tocarte, la buena gente.

Risueño y frecuente, locuaz y elocuente,

con los gestos, de pocas palabras y verbos.

En cambio, pocos, malos, arribistas,

con un número efímero, oscuro, sobre

su eterna frente marchita, vespertinamente,

andan descalzos, azufre y cal y amianto.

Asfalto, sombra, agua, nada.

Sí, padre: fíjate en los olivares, cómo han

crecido, sobre tu vientre, sobre tu abdomen,

limpiamente-.

 

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