Cielos del río de la Plata oriental
Acuosos cascabeles encendidos
De mansas nubes blanquecinas
Y meteoros de repentinos anuncios
Desde la furia de las nimbus estratus.
Playas arenosas del bravío estío
De epidérmicas, pitucas alegres solanas
Movilizantes dunas migrantes
Al rigor caprichoso de Eolo
Zumbante dios de vientos paganos.
Montevideo halla refugio secular
En el amplio correntino arco bahiano
Mientras el seno de un cerro adolescente
Vigila cercano, urbano y desarmado
Sin sus antiguos cañones coloniales.
Barcos de cien banderas en la rada
aguardan sus cansinos turnos marinos
Y a las amigables mega grúas baratas
Que en la otra orilla barrosa del Riachuelo
En el conflictivo estuario compartido
Recíproca la Gran Buenos Aires recela.
Corazón adentro de la costa portuaria
Vive su injusta macrocefalia Montevideo
Hogar de la primera mitad citadina
Del manso y avejentado Uruguay
Exhibiendo ecléctica arquitectura
Y más aún tan bellas sus mujeres
Paridoras de magníficos áureos jugadores
Titulares de cuatro Copas Mundiales:
1924…1928….1930 y en 1950
Eterno Maracaná!