Me diste a beber de aquella luz salvaje, boca a boca,
Hasta desgarrarme los puños de la rutina
Y hacerme saltar los botones del miedo.
Ahuyentamos uno a uno los celosos espectros
Con cascabeles y risa
Y un sommier de espuma de cerveza.
Sacamos a bailar toda la pulpa dulzona y febril
Hasta brillarnos a alegres dentelladas,
Frutos y colmillos de una finísima, rebosante
Promiscuidad para dos y una piecita en Urano.
Letrado en ventiscas, sacudí el asombro
De tus risueños huesos hasta revolvernos
Los papeles, los licores, las corduras.
Vos robaste mi antifaz más necesario
Y clavaste en mis ojos
Un desfile de polaroids de nuestras piernas entrelazadas.
Fui amo y siervo de tu tiempo.
Así, mis besos de arena sin reloj
Hicieron playa luego de medianoche
Sobre el perfume ciego de tu pecho abierto.
¿Cómo agradecerte bien aquella cosecha
De sagrados azules y llovizna abrazados?
Apuré el fondo de una copa en cuya borra
Nos agitamos hasta espesarnos y transmutarnos
En el brindis que pactamos solemnes, como niños.
(Dame la mano un ratito más,
Pedí un deseo pero no me lo digas).