Voy a partir a los pálidos y fríos bosques,
allá a la luz pálida como un fósforo ligero,
donde los tristes gemidos acompasan al furioso trueno,
en busca de la parca atroz desvanecida.
Al desierto inconmensurable
hundido en las sierras nevadas y fogosas,
al desmayado fulgor como una negra mortaja
entretejida con la convulsión de la naturaleza.
A encontrar quizá la corona de los orbes,
aquella tempestad salpicada de brazas encendidas
quizá la larga fuente de vida y ventura.
Voy en busca de puertas como hondas bóvedas,
allá a lo lejos está el cruel estampido,
la radiante lumbre, esa moribunda luna.