Carlos Marvega

El preso

Leía el mundo en sus caderas;

y en sus cabellos, futuro.

Nació de pronto entre mareas;

murió en la orilla, seguro.

 

Vertí mi vida en el espejo,

y en desaliento culminó,

como culpable sin remedio,

como Afrodita sin pasión.

 

Bajo las luces del poniente,

mi cuerpo contuve febril,

dispuesto a salvar el presente,

donde era ingenuo, infeliz.

 

Hacia los sueños con espanto,

rugí de rabia de alaridos

en una clausura de llantos

por la maldad de mi destino.

 

Atrás saludaban las tierras,

la de los amantes rendidos;

delante se alzaba la guerra

de los corazones perdidos.

 

A tus recuerdos mendigaba,

como las rosas a tu vera,

desde mis versos a mi alma,

entre la espada y la frontera.