Miguel Ángel Miguélez

_______SUBTURBIA_______

 

 

 

 

 

 

 

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Este paisaje humano de muros y más muros

donde el viento se estrella, cuando cae el ocaso,

pasea pardo un sueño recurrente, de oscuros 

matices inconexos, en que brilla el fracaso.

 

Una música turbia se percibe en la esquina

del callejón. Silente la noche en el bullicio,

tan natural al hombre solitario, germina

y, entre arpegios de sangre, le asoma al precipicio.

 

\"Solo somos silencio\", susurra la serpiente

sus disparos en sombras, y un espejo se quiebra

tras el ángel caído que, oculto entre la gente,

callado a sí nos nombra desde el paso de cebra.

 

Las horas, eslabones de un tiempo ya concluso

por el que, danzarines, los gatos escarlatas

asoman en los párpados nubosos de un difuso

espectro agonizante que yerto, a cuatro patas,

 

dirige la función, como si practicara

autopsias en la calle a ritmo de bolero

mientras que la basura del múerdago y la clara

mutilación del día se acercan al primero 

 

que pasa por su lado, tan ciego como vivo.

Entonces esa mugre del cielo de la boca

entona una canción sin letra que percibo

bajo la marejada salvaje que nos toca

 

nadar en estos tiempos de prisas y egoísmo,

y el ruido a contraluz parece que perdura

hermético, cerrado, violento, en paroxismo,

como si en su interior fluyese la amargura.

 

*

 

M.