Gozar de su sonrisa la ternura,
¡Fue locura!
La luz de su mirada cristalina,
¡Era divina!
Yo juraba, por Dios, al contemplarla,
¡Venerarla!
Ahora con tristeza al recordarla
y sintiendo me extingo poco a poco;
muy frecuente repito como loco:
¡Fue locura divina venerarla!
Autor: Aníbal Rodríguez.