Ricardo Castillo C.

EL CEMENTERIO DE MIS ILUSIONES

En el triste y fúnebre reino donde mis sueños reposan,
duermen los viejos anhelos que el tiempo quiso apagar.
Sombras de amores truncados, de promesas que se borran,
bajo un cielo de ceniza que nunca verá brillar.

Bajo un mar negro y callado de esperanzas ya perdidas,
yacen, como en un letargo, la risa y la decepción.
Mientras la sangre y el llanto de mil heridas abiertas
siguen fluyendo en silencio, sin tregua y sin redención.

Frías lápidas olvidadas guardan nombres y memorias,
huellas de aquellos que un día dejaron en mí su voz.
Y aunque el pasado regresa con su nostalgia de sombras,
ya no permito que el viento me arrastre con su dolor.

¿De qué sirve arrepentirse? ¿De qué sirve la tristeza?
Si el tiempo sigue su rumbo sin jamás mirar atrás.
No hay retorno en esta senda, no hay segundas primaveras,
solo el eco de lo ido y un destino que se va.

Pero al llegar mi final, cuando el adiós se avecina,
pienso que, al fin de todo, tal vez no lo hice tan mal.
Cierro los ojos sin miedo, dejo el alma en la neblina,
y en un suspiro te busco… porque sé que ahí estarás.