Uno puede llegar acostumbrarse
a respirar los fracasos de la vida,
tras no jugar a una sola apuesta,
y escapar a diario de la melancolía.
también aprender de la nueva melodía
más no quejarse nunca de su letra,
no sería vida tampoco sería poesía,
si no aceptamos luchar como una fiera.
Vaya a saber quién es el más fuerte,
si la vida o la paciencia que me queda,
aunque esta sea la última moneda
para apostar al destino de mi suerte;
disfrutaré de la vida mientras pueda,
antes que me toque lidiar con la muerte.