Lincol

También juego.

 

También juego.

Arrastrados por el viento
con sus manos cargadas
de toscas y gruesas pulseras,
el niño de mirada cansada
y sonrisa inocente ya no juega,
ahora rompe el silencio
con el trajín a cuestas,
sediento y hambriento
por unas cuántas monedas
con la necesidad de sobrevivir.
Ya no sabe jugar,
con la mamá enferma
y un hermano de año y medio
¿ya, para qué jugar?
si no hay patios tranquilos
y la pelota ha rodado lejos.
De pronto la hermana llega
con la cara sucia y una bolsa de tofi,
vamos Juan, le dice, él responde…
no he vendido nada y siento mucha hambre,
ella, a sus escasos once años responde
aquí tengo dos soles para una gaseosa
y un sol de pan para comer.
Señorita, dos menús por favor,
para llevar, responde.
No… no es bueno llevar el hambre dije
y en medio de esa alegría mientras comían
escuché que papá no tenían
y que el novio de mamá…
hace días no volvía a casa.
Seguro se cansó dijo la niña
y me quedé con la interrogante…
ella qué sabe de cansancio.
Al final salí con una pulsera, dos tofis
y un muchas gracias de los niños.
Que Dios los bendiga les dije
y al dar mis primeros pasos
me quedé con el sinsabor
de una propaganda política…
No más pobres en un país de ricos.
Qué ironía de la vida.

LMML