En la alta mar del viento,
las gaviotas dibujan gráciles arpegios
capaces de aherrojar la tempestad
con la holgura del vuelo de sus alas.
Como un ángel marino quise disipar las nubes,
pero mis alas pesaban sin esperanza alguna,
grises como claustro de mi vejez,
inútiles ante la gravedad del hebdomadario celeste.
Pasan los sueños como luz de gas,
como pasa la vida en la casa sin dueño,
en un letargo cercano y extraño.
En mi habitación, sin apenas paisaje,
se reflejan líquidos neones
y cada objeto busca su lugar.
Cierro mis ojos y distraigo mi pesar
con las sombras que empañan con su oscuro aliento
el mudo encanto de los cuerpos celestes.
Duerme ahora, fugaz estrella, sobre el austero mármol,
y que tu guirnalda de fuego deje en mi hueco
tu polvo de luz y en mi balcón de lluvia tus pájaros ciegos.
Como cada noviembre se acelera mi pulso.
\"Pájaros de niebla\" (2022)