Alberto Escobar

Se desenamorĂ³ a fuerza de mandoble.

 

Man Ray. 
—objeto para ser destruido. 

 

 

 

 


Fue una relación tanto tormentosa como intensa. 
Lee Miller fue su víctima, o quizás su verduga. 
La angustia por el sinvivir constante era tal
que para salir del marasmo, y un acceso de creatividad,
ideó un sistema desestresante, una manera artística
de liberar la ira y las pasiones que esta conllevaba
y cargar contra su efigie toda la cósmica energía 
que contenían las palabras que no pudo decirle.
El metrónomo se proveía de una madera de andar por casa,
una de esas que se estilan en las cajas de fruta, y que por
deficientes ni siquiera dan cuenta a veces del peso de esta. 
Artifició una especie de reloj vintage con su aguja oscilante
en el centro y pegó sobre su superficie algunas fotos de ella,
esas fotos que más se hundieron en su corazón
en los momentos de mayor algidez, en los que el amor 
pugnaba por brotar con toda su caballería pesada. 
Una vez conseguido el escenario performático adecuado,
una estética suficiente para ser destruida, se hace prender
de un hacha —de esas de veinte ochavos— y sañudo la deja
caer sobre la obra de arte, procurándole un daño irreparable,
y aunque lo fuera no sería oportuno porque en eso consistía
la gracia de la peripecia.
En el mismo momento del primer impacto —yo lo vi— volaron
aguja y tablilla adosada en dirección a su rostro sin hallar blanco —
afortunadamente—, a lo que sucedió una sinfonía inacabada
de sucesivos hachazos e improperios a cada cual más exacerbado
—yo los oí— hasta quedar exhausto y lloroso, sin fuerzas ni ganas. 
Después se echó a dormir en su jergón —yo me acosté a su lado—
y se levantó de una reposición y restauración tan sorprendentes
que se fue —para celebrarlo, yo fui con él— al Central Park a trotar;
volvió, se duchó, se fue a dar una vuelta aclaratoria, y comprobó 
que a su mente no volvían los pensamientos de antaño,
que ofrecían su imagen en todo su esplendor y exuberancia
para tentación y recuerdo de sus genitales. 
Así ella quedó desenamorada y ostentando el protagonismo
de todas las reseñas que se imprimieran a partir de entonces.