Veo a un transeúnte que llora,
porque... cae la tarde,
y en el horizonte
se asoma la luna.
Es un iletrado,
no compone versos,
pero tarde tras tarde,
recuerda sus besos.
Desde que perdió el amor
de la que amó cual ninguna,
¡al caer las tardes, cuenta
sus penas a la luna!
Qué ironías de la vida,
dicen todos en el pueblo:
¡Si él fuera poeta,
podría aliviar su duelo!
Por la otra acera
van los alfabetas,
contando las sílabas:
¡Van a ser poetas!
xE.C.