Desde luego, que no fue este corazón decepcionado, sino el vendaval sin retorno que bajo el alero y la sombra siniestra del olvido, dejó sin techo, ilusiones y corazones partidos. Eso es la vida, almanaques sin rastro, gemidos sin esperanza y atardeceres vacíos.
Llevo conmigo un fajo de preguntas sueltas, qué puertas adentro, sacuden la existencia. Esas que bajo el manto sacro de una noche clara, te arrastran a los versos muertos, lágrimas secas y áridas páginas de indelebles letras.
Acongojada, a veces, camino de esquina a esquina en la estela de la nada. Hablo sola y a la distancia como si el eco tuviera el remedio a mis infinitas ansias. En ese latido silente, hablo a las flores, estrellas y luceros lejanos, y por supuesto, a la Mirla Encantada, Micifuz, mi hermoso gato blanco, la diminuta gatita Lulú, y a la fuente sacra del poder Supremo. Al mundo ciego y mudo, al puñal asesino y a la gota de sangre en los cristales rotos. A la mujer con sus labios partidos y su vientre hinchado, al niño que desconsolado arrincona su alma en la ladera de una luz enmohecida.
Es la noche y su mágico sortilegio, que agita sin vaivén, el misterio de sus blancas alas, que por blancas, en la noche oscura, se miran pálidas.
Esa música inaudible que envuelve
Y sacude
Esa música que agita el instinto
Que muge, que enciende
Esa música de picos altísimos
Y que cansada en lo alto se rinde.
*
Imagen: Créditos a su creador
Luz Marina Méndez Carrillo/01102022/ Derechos de autor reservados.
Obra registrada en Cedro-España/ https://www.cedro.org/