Alexandra Quintanilla

Vas a oír hablar de mí

Vas a oír hablar de mí, “mi amor”
Y no es por mí cuando hayas de oír hablar de mí y, para ese entonces y para este entonces, mi afecto ya no será más tuyo, sino un poco más de mí pertenecía. 
Propiedad legítima y privada sobrescrita en las tablas de mi alma que, para nadie más que para mí…
Y vas a oírlos hablar, yo que sé si, si bien o mal, cosas que no me interesan.
Pero para entonces te vas a dar cuenta de que fui y soy todo menos cualquiera.
Mujer de piel y hueso excepcional
Y no por la apariencia.
Porque ya comprendí que apariencias engañan.
Referente a la belleza demasiado humana que, sobre ruinas y arruinada se levanta y, se talla, así misma bajo las luces de las perlas celestiales.
Intelecto no absoluto pero suficiente.
Y…
Vas a oírlos hablar de mi nombre, y te vas a dar cuenta de que solo con ese hecho no sueno a cualquiera.
Y en Dios espero que las entrañas se te revuelvan. 
Y cuando eso pase, si son pestes o pedestales lo que ellos y ellas digan, a mí me va a importar una mierda lo que los unos les digan a los otros y que los otros le digan a otros y ellos te digan a vos.
Porque sabrás entonces que lo que dicen es porque soy todo menos similar a ellos.
Porque no me cargo cruces en el pecho ni dejo de aceptar los errores que si he hecho. 
Responsable de todos los males hechos por mi mano y por mi psique.
Capaz de verme al espejo y señalarme como la única responsable de mis calamidades.
No me victimizó, me regaño y me asumo. 
No lloró, trato de corregirme, aunque de vez en cuando se me acristalen los ojos.
Porque se trasciende a base de no ser víctima ni victimario, sino de día a día tratando de corregirse y no perjudicar la paz de los otros. 
Entonces, los vas a oír hablarte de mí y por ende, te vas a recordar el día que te dije que no quería ser como ellos, y sé, que irás a verte al espejo, y te vas a fijar que vos también sos parte de ellos.
En Dios espero que te dé asco tu propio reflejo, porque vas a entender que siempre si era cierto. 
Este pueblo sin nombre ya casi se quema y no con antorchas sino más bien con palabrerías sin forma. 
Porque pasa algo, todos juzgan pecados que ellos mismos cometen.
Todos se creen perfectos viendo al vecino y no viéndose al espejo.