Hay hombres que te señalan con el dedo
o a otros hombres que creen pecadores
sintiéndose los dueños de favores
aunque son de los santos un remedo.
Pero nunca ni en Dios ni en sacro credo
habrá indicios que son avaladores
y aun así ellos se creen los censores
y ni al credo ni a Dios le tienen miedo.
Olvidan que Jesús en Galilea
sólo fustigó a aquellos encumbrados,
a esos lobos velados como oveja,
perdonó a la mujer de aquella aldea,
murió en la cruz por todos los errados…
y habrá juicio: será la moraleja.
De mi libro “De esas letras pendientes”. 2018 ISBN 978-987-763-836-3