Jamás fui flor, solo tronco, enredado. Raíz torcida bajo la tierra, dura, acallada y honda.
Honda de tardes y miradas, honda de noche que asombra. Honda de palabras no dichas, cocidas al borde de la boca.
Jamás fui sol, luz apagada, que hiere, desnuda y ahonda... con la frente ya arrugada, busco una luna como esposa.
Jamás fui día o mañana, solo soledad en la penumbra. El ocaso es mi hora preferida y la noche de sábana oscura.