Cuánto quiero vida mía
que me beses, que me abraces,
que me llenes de ternura
cuando llega cada tarde,
cuando el sol en el Poniente
se desliza por el valle.
Cuánto quiero amada mía,
que no olvides que me amaste,
en silencio cada noche
y jugando en aquel parque,
donde dos bocas se unieron
sin temores, ni ademanes.
¡Qué recuerdos más bonitos,
qué recuerdos sin alardes!
¡Cuánto quiero vida mía,
que no olvides que me amaste!
Hoy despierto de mañana
y no dejo de pensarte.
¿Qué será de ti, pregunto,
cada vez al levantarme,
cada vez cuando en mi mente
vuelvo y vuelvo a recordarte?
¡Oh querida amada mía,
fuiste luna que alumbraste
en mis noches más eternas,
en los repetidos viajes
los que hicimos siempre juntos,
caminando aquellas calles
y por eso, vida mía,
nunca olvides… ¡que me amaste!