jvnavarro
CENTRIFUGANDO FUEGO
No percibo al mundo de otra forma que no sea
a la que en mi interior nace.
Vienen las ideas de las viejas enciclopedias,
de los días de estudio,
de aquella facultad de la vida
en la que masticábamos el saber
de una forma parecida
a como se inhala el humo
de un cigarrillo habano,
negro en su interior
y exteriormente ya flotando
su materia transformada.
Todo sabe a un continuo ejercicio de ideas
al borde de ese camino
que conduce de vuelta siempre
a las rutinas para alimentarse allí mismo
sin necesidad de más espera
y así estamos en todo esto convencidos
de que aquellos días ya pasados no volverán.
Ahora ya importan otras cosas,
nos hemos ido acotando
y volviendo más simples,
lo justo y necesario para poder continuar
siendo algo de lo que fuimos,
un algo superficial
aunque en lo más profundo se encuentra lo otro,
aquello que a buen recaudo estando
se irá con nosotros.
De poco sirve mirar el firmamento
si no entendemos nada
si nadie nos ha enseñado a amar
debidamente al prójimo,
si lo que vemos son solo puntos y luces,
si el color negro del cielo
solo es eso y nada más,
si lo que flota por allí arriba
continua siendo algo mágico
y no nos hacemos ya más preguntas.
De poco serviría la filosofía
si no fuera para apuntalar términos.
Para llegarse hasta allí adonde
nos hacemos preguntas
y a pesar de ello y de lo mucho
que intentamos ser sociables
hay un algo que nos retuerce
y convierte en lombrices que viven
en sus agujeros comiendo de lo que pillan.
Sea solo esto tierra
y sabores a cosas conocidas,
por un poco más de tiempo
hay algunos que darían todo
y en el dar se concreta la fragilidad del ser
tan acostumbrado a procesar noticias
y a exportar sentimientos aprendidos
en las orillas de nuestra vidas
entre ya viejas paredes
y maestros en todo fallecidos.
En este sentido el ser objeto del saber sabio
en objeto enseñable,
es una constante
que nos lleva al fondo de un problema,
el resolver las múltiples ecuaciones de la vida,
despejando lo inservible
para que quede como resultado
lo positivo que usamos para ejercer nuestro papel,
de reyes de un universo,
que desde siempre ha estado sometido
a grandes pasiones.
Y así sumando
llegamos al final de esta extensa poesía
intentando canalizar sensaciones
a través de los más elementales artilugios
puestos a disposición del ser humano.
Avanza ya ella
por nuestro organismo,
ahora que ya todo se ha acabado
y la tranquilidad vuelve a ser
el principio de todo lo bueno
de esta naciente noche enigmática.