Aprendí de sonrisas
sonrisas tuyas
en llantos míos.
Aprendí de miradas
miradas tuyas
en silencios mios.
Aprendi de voces
susurros tuyos
mientras yo gritaba.
Aprendí de tus manos
a dar caricias
caricias dulces
de temblor sublime.
Aprendí que al cerrar los ojos,
en tus brazos
tus abrazos cálidos y seguros
descubren la delicadeza
de un Te Quiero,
uno que llega al alma
y ahí se queda.