Rafael Huertes Lacalle

A LA MAMA

Oigo cantar ruiseñores

en las copas y las ramas.

Palpo en la noche sin luna

un cuerpo de dulce danza.

Veo el color de las flores

abrirse a la  luz del alba.

Saboreo de los besos

la miel que endulza las almas.

Huelo la esencia desnuda

que exhalan las rosas blancas.

 

Cinco “sentíos” yo tengo

y se los debo a la “mama”,

cinco “sentíos” brotados

de un vientre de blanco nácar.

Vientre mullido por cuna

“pa´” ver nacer la mañana,

cuando mi llanto mecía

entre aromas de albahaca,

rodeado por sus brazos

parecidos a dos alas,

nevadas, como de un ángel,

afiladas como garras:

seguras, protectoras,

brillantes como la plata.

 

La mama tras de sus sueños

iba cantando una nana.

Mientras, fugaz como un rayo,

el tiempo se le escapaba.

 

 De sus pechos “reodintos”

en sus pezones manaba,

la tibia leche bendita

parecida a la melaza,

¨pa´” alimentar a su hijito

¡oh, Virgen de la Esperanza!.

Ese niño chiquitito

con nombre de pila Rafa.

¨Aluego” vinieron ellas,

dos motivos de “alegranza”,

¡dos más ¨pa´” criar con celo!

viendo su vida truncada:

“La Mari y la Begoña”

dos hembras más en la casa.

Una familia creciendo

colgadita a sus espaldas.

 

La mama tras de sus sueños

iba cantando tres nanas

Mientras, fugaz como un rayo

el tiempo se le escapaba.

 

Y los tres fuimos creciendo,

puso su empeño y constancia;

ellas luciendo de trenzas

y cabelleras muy largas;

unos saquitos de punto

y hechas de tablas las faldas;

yo una camisa de cuadros

y pantalones de pana

que a las luces de las velas

con hilos de madrugada,

la mama tras de sus sueños

en Alfa pespunteaba.

 

Austera de otros placeres

siempre llenó nuestras panzas;

nunca faltó un buen cocido

ni crema de calabaza,

ni un buen arroz el domingo

ni un gazpacho, ni ensalada.

No perdió nunca el “sentío”

tenía las cosas claras:

“Este pan para este queso”

“Este queso pa´la casa.”

Pa´ alimentar mis hijitos…

¡Ay, virgen de la Esperanza!

 

¡Fueron corriendo los años!

El tiempo no tiene pausa.

La mama tras de sus sueños

ya se pintaba las canas.

 

Y nos hicimos adultos

y los tres buscamos casa,

cada uno con su tiempo

cada uno con su gracia,

pa´formar una familia

con la pareja a la espalda.

 

Así llegaron los nietos

que la apodaron por “Lala”.

¡Una vida de alegría

y una vida de añoranzas!.

 

Encorvado tiene el cuerpo

y cansada la mirada;

la vida con sus quebrantos

de dolores llena a mantas.

Ha cumplido ochenta y cuatro,

ya no hay sueños de almohada.

Sigue haciendo una novena

que le otorgue alguna gracia.

No ruega para ella misma,

lo que implora es pa´su casa,

para toda su familia…

¡ay, Virgen de la Esperanza!

por un mundo de alegrías

donde el amor no se acaba.

Donde canten ruiseñores

a los luceros del alba,

oliendo la esencia viva

que exhalen las rosas blancas,

entre besos con sabor

a miel que endulcen las almas…

 

Ni este elogio merecido

ni esta loa desde el alma

ni mil besos que le diera,

ni el cielo, la tierra o el agua

tienen valor suficiente

pa´ saldar tal esmerada

dedicación y desvelo,

tanta vida abnegada.

 

Aun así, con estas letras,

una familia entregada,

queremos con gratitud,

en este día a “la mama”

reconocer su labor

aunque la vida lo valga,

 

Gracias por la vida… ¡madre!

Tú que eres la vida ¡Lala!

 

 

FELICIDADES