\"Para los que cambiaron su corazón por monedas falsas\"
Bajo el techo del cosmos
(los hombres de lata son marchas... sin alma, sin rumbo).
Los hombres de lata rumian sus años,
mastican el viento —jirones de tiempo—
con dientes gastados.
¡CLANG! ¡CLONG!
Sus pasos de hierro,
¡CLANG! ¡CLONG!
Su eco es desierto.
Olisquean las cuestas, carbón y salitre,
sus patas golpean la ruta olvidada.
¡TAC ¡TOC!
Avanzan en fila,
¡TAC ¡TOC!
sin mapa y silencio.
Hombres de lata, ojalá se derritan,
presos de brillos, de falsos tesoros.
¡RAS! ¡RAS!
Sus coronas prestadas,
¡RAS! ¡RAS!
su reino de plomo.
Ciudades de lata, murallas de hastío,
escupen chispas que arden en vano.
¡CRAC! ¡CLANG!
Sus puertas se oxidan,
¡CRAC! ¡CLANG!
Su noche sin llanto.
No tienen fuego, ni luz en los ojos,
su lema es ceniza y adioses sin nombre.
¡TUM! ¡TUM!
Un credo de arena,
¡TUM! ¡TUM!
con ídolos de sombra.
Los hombres de lata, alcancías rotas:
apilan monedas pero el precio es su sombra.
¡PUM! ¡PUM!
Ya nadie los mira,
¡PUM! ¡PUM!
solo el polvo los nombra.
Los hombres de lata, cabezas de alcancías,
ojalá sucumban bajo su herrumbre fría.
¡PUM! ¡PUM!
armadura que cede,
¡TUM! ¡TUM!
Su sombra es vencida.
¡TUM! ¡TUM!
Con dioses de pena,
¡TAC! ¡TAC!
Se desvanecen de noche.
¡CLANG! ¡CLANG!
Y solo queda el silencio,
¡CRUJ! ¡CRUJ!
Y la oscuridad los consume.
Al final, eco… eco… eco… de un susurro:
¡De seres hojalata, de sombras en la niebla!
Sus vidas, humo que perfora la nada,
sus nombres, polvo en la lengua del viento.
Racsoando Ando