♥(¯`*•.¸♥millondurango♥¸.•*´¯)♥

No dejes de hacerles el bien a quienes debes hacérselo si está a tu alcance ayudarlos (Prov. 3:27).

 

En el tejido de la existencia, cada hilo es vital,

cada acción, un eco en la eternidad del instante.

Somos hojas arrastradas por el viento divino,

instrumentos de un propósito más grande, más constante.

 

En la danza de la vida, cada paso cuenta,

cada gesto, una palabra en el poema del destino.

Somos notas en la sinfonía de lo sagrado,

parte de una melodía que trasciende el confín terreno.

 

En el lienzo del tiempo, cada pincelada importa,

cada color, un matiz en la obra maestra del creador.

Somos estrellas en el firmamento de lo infinito,

puntos de luz en la oscuridad, guiando el camino del amor.

 

En el río de los días, cada gota suma,

cada corriente, un camino en el mapa de la providencia.

Somos piedras en el edificio de la comunidad,

sosteniendo juntos la estructura de la paciencia y la ciencia.

 

En el jardín de las almas, cada flor es esencial,

cada aroma, un susurro en el viento de la esperanza.

Somos semillas en el campo de lo posible,

brotando con la promesa de un mañana más brillante.

 

En el coro de la humanidad, cada voz se eleva,

cada palabra, un acorde en la canción de la fraternidad.

Somos versos en el poema de Jehová,

rimas de compasión en la página de la eternidad.

 

En el mosaico de la fe, cada pieza encaja,

cada forma, un contorno en el retrato de lo divino.

Somos reflejos del amor supremo,

espejos de la bondad, en el espejo del tiempo sin fin.

 

En el viaje del espíritu, cada paso es un avance,

cada sendero, una ruta en el mapa de la trascendencia.

Somos ayudadores en la senda de lo eterno,

buscando la verdad en el horizonte de la existencia.

 

En el libro de la vida, cada letra es significativa,

cada frase, un pensamiento en la narrativa del ser.

Somos palabras en la historia de lo sagrado,

capítulos de un relato que se despliega sin cesar.

 

En el concierto de los corazones, cada nota resuena,

cada melodía, un himno en la catedral de la unidad.

Somos armonías en la orquesta de lo celestial,

compases de solidaridad en la sinfonía de Jehová.

 

En el universo de la creación, cada persona es única,

cada vida, un destello en la constelación de la existencia.

Somos chispas en la hoguera de lo infinito,

llamas de esperanza en la noche de la incertidumbre.

 

Así, en el servicio a los demás, encontramos nuestro propósito,

en el acto de dar, descubrimos la verdadera riqueza.

Somos guardianes de nuestros hermanos y hermanas,

custodios de la luz, en el camino hacia la plenitud y la belleza.