Cielo de noche

El baile de los ardientes.

Bienvenido al baile de los ardientes, donde el placer y el dolor están a su entera disposición. La música es alta, gloriosa y carnavalesca. Portamos en la cara una sonrisa macabra y en los ojos poseemos un vacío infinito. Con la certeza de lo que nos espera, vamos vestidos de soberbia gala rumbo a nuestro destino final.

 

En este paraíso frío, lleno de falsas burlerías y espejismos, tenemos la celebración infinita para cumplir nuestra condena. Aquí no existe el pudor, no hay dulces palabras en el viento. La obscenidad y lo inmoral son moneda corriente; los arrepentimientos ya no corren en nuestras venas porque en la condena nos sentimos libres.

 

En el baile de los ardientes se nos recibe con un bacio della morte y, con aceptación, danzamos sobre este piso barroco, vanidoso y desolado, donde todo lo bello es solo una patética ilusión.

 

Bienvenido a este Sodoma y Gomorra, donde hemos tenido el placer de coincidir en la vida y disfrutar de su belleza efímera. Pero hemos sido inmorales con nuestra propia mente, cuerpo, sentimientos, deseos y todo aquello que en nuestra sangre corrió, y nuestra estadía en el edén término. Pero de consuelo tenemos el baile de los ardientes .

 

La invitación la he tenido desde que lo conocí, siendo yo un alma perdida. Poseo la inmoralidad en mis labios ,tengo el deseo vistiéndome y traición como perfume la  llevo pegada a los huesos , desearía poder decir mis últimas palabras implorando inocencia pero la descarnada verdad es que ya no siento culpa y le hago el amor desgarrándome la piel .

 

 

Esta bailarina ya  no tiene arrepentimientos , en mi condena gimo , siento el éxtasis en mi pecho y mi abdomen el fuego eterno, mis pies no sienten dolor.

 

En este baile impuro me he sentido libre, mi nombre símbolo de condena  sale de los labios de mi danzarín en este salón infernal que nos condena a bailar  eternamente entre manzanas , vino y música retorcida.