♥(¯`*•.¸♥millondurango♥¸.•*´¯)♥

El prudente ve el peligro y se esconde (Prov. 22:3).

 

 

La maldad, cual sombra, crece y se extiende,

en la delincuencia, la violencia, donde el temor se enciende.

Mas no distingue rostro, ni a los fieles exime,

pues en el crisol de la vida, la fe se redime.

 

Los siervos de Dios, en su lealtad, no vacilan,

aunque los desastres, como olas, arremetan y desfilan.

No es la ausencia de peligro lo que la fe garantiza,

sino la paz en la tormenta, la fortaleza que eterniza.

 

Prepararse no es dudar, sino actuar con sabiduría,

es construir el arca antes de que llegue la marea.

La confianza en Jehová no es pasiva, es viva y actuante,

es saber que, en el peligro, su amor es constante.

 

Porque la Biblia, en sus páginas, nos guía y aconseja,

a tomar las medidas, a ser prudentes, sin que la fe se queja.

Es en la preparación donde la fe se manifiesta,

en la acción, en el cuidado, en la vida que se apresta.

 

Así que en la espera del fin, no es el miedo lo que nos guía,

sino la esperanza, la fe, y la amorosa profecía.

Que aunque vengan terremotos, o la maldad se acreciente,

nuestra fe en Jehová es la roca que permanece y sostiene.