Vecindad
Había hace unos años
armonía y amistad
sin causar dolo ni daños
en casas de vecindad.
Se daban los buenos días,
si faltaba sal o aceite
te daban lo que pedías,
con voluntad y deleite.
Si ayuda te hacía falta
o pedías un favor
con la moral muy alta:
concedido sin pavor.
Hoy está ese vecino
que apenas se conoce
andando por su camino
va evitando el roce.
Si coges el ascensor
para subir a tu casa,
como si fuera censor
de tu compañía pasa.
Ya no hay vecindad
como la de otrora,
es tamaña ruindad
que en nosotros aflora.
Antonio Reina Moreno 17/1/2020