En la penumbra oscura de mi desvelo,
te encuentro en los ecos de un llanto callado,
cada palabra tuya es un viejo anhelo,
cada respiro, un peso que no he olvidado.
Eres sombra y suspiro, un eco lejano,
tu risa, un susurro que quiebra mi ser,
mi corazón, un prisionero temprano,
de un amor que me ahoga, que no quiere ceder.
Arrancarte de mí es un cruel desengaño,
una lucha sin fin contra un destino incierto,
cada día que pasa, es más este extraño
dolor que me abraza, que siente y que hiere.
Mis horas son cadenas de un triste latido,
mis noches, un océano de lágrimas frías,
sin ti, cada instante es un abismo vacío,
un recuerdo que ahoga mis dulces alegrías.
Así quedo atrapado, en sombras marchitas,
como un árbol sin hojas, que no puede florecer,
aunque el tiempo avance, en mis venas te habitas,
eres el dolor eterno, el susurro del ayer.