racsonando

La hora cero

 

La hora cero

(En el reloj son las seis de un tiempo invertido)

La hora cero, el laberinto de un tiempo perdido,
donde cada instante se despliega como un sueño olvidado.

Me miras,
y el aire se deshace como un velo de seda,
las sombras bailan en la pared desnuda, como espectros de un sueño.

Te miro, y en mis ojos descansas como un canto olvidado,
un eco de risas perdidas y susurros de promesas.
Entre ramas de invierno, el amor tiembla sin saber por qué.

La luna se refleja en tus pupilas, fragmentada como un espejo roto,
me revela secretos que tu silencio guarda.

Hay un instante… un instante para perderme en el abismo de tu mirada,
barca sin rumbo, sin velas y sin mar.

Me hablas,
y la voz es un río que fluye sin orillas,
un murmullo que nace donde mueren las distancias.

Y se desprenden tus palabras, como pétalos de una flor;
estelas infinitas de mi atardecer,
y las recojo, como un coleccionista en sus sueños de amor.

Te hablo, con palabras que saben a mar y a ceniza,
susurros que danzan como olas en un océano de recuerdos.

Una sinfonía de voces, brisa suave del mar, se desliza entre mis dedos,
y el tiempo, lento… lento peregrino, es perfume de azahar.
Y te busco, como un navegante que timonea su rumbo.

Me escribes,
y cada letra se convierte en un sendero en la arena,
un eco que danza bajo cielos desvelados.

La tinta se deshace en el papel, como el color de un crepúsculo,
y yo leo, como un astrónomo que busca su estrella.

Te escribo,
con la tinta de los inviernos,
con las manos que aún recuerdan la calidez de tu nombre.

La niebla se desliza entre las líneas, como el misterio que se esconde,
y te busco, navegante nocturno de salitre y de mar.

Me dices,
y el tiempo se quiebra como cristales de luna,
las horas se enredan, espirales que nunca cesan.

La realidad se deshace, como un velo que se levanta,
y yo veo, como un visionario que ve el futuro.

Y el tiempo se quiebra como un cristal bajo la luna,
las horas caen en un espiral que nunca termina.

Te digo,
y mi voz es un barco sin puerto,
un suspiro que navega hacia donde tus latidos esperan.

Me besas,
y el mundo se disuelve en la ternura de un instante,
donde el abismo es solo un rumor de hojas cayendo.

Te beso,
con la prisa de quien sabe que la eternidad
es solo un destello atrapado en los labios.

Tú acá, un susurro de luz en la penumbra que habito,
iluminando las sombras que ocultan mis temores.

Yo allá,
la sombra de un cometa errante, buscando su hogar.

Y en el reloj son las seis de un tiempo invertido,
donde cada tic tac resuena cual latido en la eternidad.
El futuro se dobla sobre el pasado
y el presente se deshace… un suspiro que no llegó a ser palabra.