Mirar tu piel es deslumbrarme,
ver tus hombros…ceguera repentina,
luna blanca que irradias destellos en la noche.
Verte a ti es sentir frio y calor a la vez,
recorriendo mi cuerpo al mismo tiempo,
uno que sube y el otro que baja,
electricidad cuando se cruzan en medio.
El lienzo blanco sería tu espalda,
donde mi pasión pintara con pincel de uñas
las líneas rojas, trazos de mi deseo…
deseo que por ti se hace delirio.
Tus níveos montes son el mistico remedio,
que curaría esta prístina locura…
la locura de solo poder imaginarlos,
pero no verlos y tocarlos más que en sueños.
Eres el fantasma del callejón de mis anhelos,
en la noche te apareces entre luces y neblina,
y en mi mente se alucina la imagen implacable
de esos ojos hechizantes en tu pecho;
ojos que me seducen y llevan al trance de una
pálida hipnosis.