Son las 22:59 en Londres.
Entre el frío y más pensamientos, escribo este verso, no de nostalgia, dirían los bohemios, pero esto no es el brindis de Arturo, sino el de un hombre cavilando por tierras, poniendo su bandera, que la de un hombre con orgullo, con fuerza de lamentos, nació de la luz de su ser, las que años dejó sin brillar por la pobreza del comprender de sus personas, pero como siempre nace la flor, nace el comienzo del conocimiento.
Aprender es la virtud de verdadera pasión; qué más decir del silencio, la noche o el día, solo ellos saben mi verdad...