Se despide el tiempo en suave calma,
un susurro se pierde en la noche estelar,
el reloj marca un fin y un comienzo,
y el alma se alista para soñar.
Cae el telón del año vivido,
con sus risas, dolores y lecciones,
se guardan recuerdos en los latidos,
y el corazón renueva emociones.
El cielo se viste de luces brillantes,
como si las estrellas quisieran bailar,
una fiesta eterna en el horizonte,
anunciando que es hora de empezar.
El año nuevo trae vientos frescos,
que despeinan las dudas y el temor,
es tiempo de metas, de sueños puestos,
de sembrar futuro con valor.
Promesas surgen entre campanadas,
palabras que envuelven la voluntad,
ser mejor, amar más, vivir sin barreras,
y abrazar la vida con intensidad.
Cada día, un lienzo blanco,
cada instante, un pincel divino,
dibujemos caminos con pasos firmes,
persigamos aquello que es nuestro destino.
No temamos al tiempo que avanza,
pues con cada paso hay oportunidad,
de crecer, de luchar, de alcanzar la danza
que da sentido a nuestra verdad.
Así comienza este ciclo eterno,
un giro más en el universo fiel,
y en el renacer de enero sereno,
plantamos sueños bajo el mismo cielo.
¡Feliz Año Nuevo! Que sea brillante,
un sendero lleno de amor y paz,
que el viaje sea dulce, siempre adelante,
y que lo mejor aún esté por llegar.