Nunca es tarde, llueve en verano; la brisa condensó en sus labios
la humedad y el frío resabio;
llora con la lluvia de la mano.
Nunca se sabe, no es gris el cielo
cuando la niebla besa la loma
y el verde solo se asoma;
él es niveo como un gran pañuelo.
Nunca se olvida el día radiante,
aunque otro se pinte gris y frío,
aunque el alma sufra un resfrío.
Nunca se pierde el horizonte,
por más que lo oculte la bruma,
de la mirada que lo confronte.