Dios, poeta del universo, caligráfica con sus luces una poesía sobre el lienzo interestelar, cada estrella es un verbo, cada galaxia una estrofa y el silencio ese colosal susurro es la rima.
El flujo de energía universal, como el suspiro de los cosmos, recorre el cuerpo del universo, tejido con los hilos de las estrellas, donde morían para nacer de nuevo en su promesa de su luz infinita.
Entonces pude sentir el eterno latido de Dios, el mundo empezó a corear “somos todo”, “somos uno”, “somos amor”, y me di cuenta de que el amor no solo movía los pesos de los mundos, sino que podía mover al universo incluso Dios arqueaba su mano, así es la poesía final de Dios.
Al final, cuando el reloj universal pierda su fuente eterna de energía, descubriremos que éramos parte de su poema eterno, fuimos su último pensamiento de Dios y como su mensajero quiero decir unas últimas palabras:
“El amén que se resistía a ser silenciado se liberará tembloroso de los labios del pecador; la fe vacilará, herida por el peso del arrepentimiento, y el pecado, vencido, se desprenderá en forma de lágrima redentora que purificará el alma.”