\"Las dictaduras son la sombra de la libertad,
donde el silencio se impone y la justicia muere ahogada por el miedo.\"
Julio Stoute.
En un rincón remoto del bosque, el león había tomado el control absoluto, imponiendo su voluntad sobre los demás animales. Extraño, porque vino huyendo de la lejana selva donde habitaba.
- “Desde hoy, nadie podrá hablar sin mi permiso. Yo decido qué es lo mejor para todos”, rugió con autoridad desde su trono de ramas.
La liebre, conocida por su ingenio, susurró al zorro:
- “Esto no durará mucho. El poder ciega a esos que se creen los más fuertes”.
Pero el zorro, astuto y calculador, respondió:
- “Cuidado, liebre. Si no jugamos bien nuestras cartas, podríamos ser los siguientes en caer”.
El bosque, una vez vibrante y lleno de vida, comenzó a sumirse en el miedo. Los animales apenas hablaban, y cada día parecía más gris. El león pensó cómo acabar con los que lo adversaban, pero no todos estaban dispuestos a aceptar el yugo del león. Una noche, en un claro escondido, el viejo mandril reunió a los animales que querían recuperar su libertad.
- “El león gobierna porque lo dejamos”, dijo el mandril con voz firme. “Pero un régimen basado en el miedo siempre tiene un punto débil”.
El águila, con su mirada penetrante, intervino:
- “He visto lo que puede suceder. Si trabajamos juntos, su reinado terminará pronto. Pero debemos actuar con inteligencia”.
La liebre sonrió.
- “Inteligencia y velocidad son mi especialidad. Tengo un plan, pero necesitaré la ayuda del zorro”.
El zorro inclinó la cabeza, curioso.
- “Dime, liebre. Si tu idea es tan buena como tus palabras, te seguiré”.
Al día siguiente, la liebre y el zorro se acercaron al león. Con una sonrisa astuta, el zorro dijo:
- “Gran rey, hemos descubierto que algunos animales están conspirando contra ti”.
El león frunció el ceño.
- “¿Quiénes son? ¡Díganme ahora mismo!”.
- “No podemos revelarlo aquí”, dijo la liebre con aire nervioso. “Pero si vienes con nosotros, te mostraremos dónde se esconden”.
Desconfiado pero curioso, el león siguió a ambos a lo profundo del bosque. Sin que lo supiera, los animales, guiados por el mandril y el águila, habían preparado una trampa. Al llegar al claro, el suelo bajo el león cedió, y este cayó en un foso profundo.
Desde arriba, el mandril se asomó y dijo:
- “Tu reinado ha terminado, león. El bosque pertenece a todos, no solo a ti”.
Furioso, el león rugió:
- “¡Traidores! ¿Creen que pueden gobernar sin mí?”.
El águila replicó:
- “El verdadero liderazgo no se impone con miedo, sino que se gana con respeto”.
Los animales dejaron al león en el foso el tiempo suficiente para que reflexionara. Al ser liberado, ya no era el dictador de antes, sino un animal más del bosque, dispuesto a convivir en armonía.
Moraleja: El poder absoluto corrompe, pero la unión y la inteligencia pueden restaurar la justicia. Ningún líder debe olvidar que su fuerza proviene de quienes elige liderar.
JUSTO ALDÚ
Panameño
Derechos reservados © enero 2025