Ecos de la nostalgia
Susurros consoladores
de sinceras intenciones se ensalzan,
llevando el alma
hacia cielos por descubrir.
En el crepúsculo de estos pensamientos,
las neuronas despiertan,
encendiendo deseos lúbricos
de una juventud
que se marchita con el tiempo.
Sueños fragmentados por los años,
en un último intento, toman la iniciativa
por reconstruir un pasado
donde las primaveras florecían con fervor.
Allí,
los cuerpos se entrelazan
al ritmo de deseos carnales,
ahora imposibles de revivir.
Los recuerdos,
teñidos de nostalgia,
buscan rehacer un tiempo perdido,
un rincón de la existencia
donde la pasión y la vitalidad eran eternas.
La realidad se impone,
y lo irrecuperable
se convierte en un eco lejano.
Aun así,
entre los destellos del ayer,
y los anhelos del hoy,
nace un consuelo silencioso:
la certeza de que,
aunque marchitos,
los sueños siempre florecen
en el rincón más íntimo del alma.