Esto es definitivo.
Hoy es mi último día en el que pienso plenamente en mi existencia y tengo que soportar el ardor de la misma. La inutilidad de la mentira constante del “todo estará bien” y de que “ya pasará.. vendrán tiempos mejores”. La mentira de decir que mi trabajo vale la pena, que las personas cambian y que si perseveras estarás en un mejor lugar.
Hoy fui por última vez a mi trabajo, vi a mis compañeras a la cara, les conté algunos chistes; se rieron y me reí. Disfruté por última vez el agua fresca del lugar, aquel salón tan cálido que es mi hogar por, al menos, ocho horas al día. Es una sensación muy extraña cuando llegas y todo empieza a ser tu última vez. ¿Alguna vez te has puesto a pensar en esto? Ya sea en la última vez en la que comerás en ese tu lugar favorito o aquella en la que viste a tu persona favorita o ese abrazo que sigue haciendo eco y lo hará hasta la eternidad…
Pues esa pregunta la experimenté y le di respuesta al pasar las horas.