¡Oh Israel!
No es lejana, que fue ayer la matanza
de los tuyos que ardían como malditos.
Aún se sienten los ecos de sus gritos
entre efluvios y deseos de venganza.
No lo llamemos remoto, que está vivo
el clamor de tus hijos cuando han muerto
en la cámara que fue para el cautivo
la antesala de su tumba al descubierto.
¡Toma un espejo, y contempla tu mirada!
Tus cicatrices son surcos que olvidaste,
y vas sembrando dolor y siembras muerte,
recreándote en la sangre derramada.
Satán se asienta en el reino de las nieblas
y depone su poder en el maligno.
Poderoso de las guerras y lo indigno,
va engullendo al desarmado en sus tinieblas.
¿Ya olvidaste tu dolor mujer parida
cuando el propio cordón ahogó a tus hijos?
¡Mírate, no eres invicta! Vas vencida,
y ebria de sangre, en fragor de genocidio.
Elisacastellano-2010