Nadie debe pagar por los abusos de si mismo.
¿Quien es, si mismo?
¡El mismo hombre!
Espejo del hombre, es él mismo.
Y al volverse a reflejar,
se convierte en añicos.
Pobre hombre, cómo chispa reluciente,
que sólo vive el momento que arde.
Que no entiende del amor.
No entiende al supremo Ser,
que llamamos Dios.
Dios es amor,
pero el humano,
desea ser;
semejante, ¡o más que el Creador!.
Dr. Salvador Santoyo Sánchez
01/febrero/2025